Aunque la cuota de mercado sigue siendo baja en comparación con otros países europeos, los coches eléctricos van haciéndose un hueco poco a poco en el parque español. Las automovilísticas están comprometidas en la electrificación tanto de la industria como del mercado, pero en el sector hay cierto consenso en un aspecto: hoy por hoy, es difícil circular sólo con un coche 100% eléctrico, sobre todo fuera de las grandes urbes.
El principal motivo es los limitados puntos de recarga situados en zonas interurbanas. A cierre de 2022, había en España unos 7.801 puntos de acceso público en las carreteras, lo que representa el 43% de la red nacional, según los últimos datos publicados por Anfac, la patronal de los fabricantes de coches. A una red de por sí limitada, se le suma el hecho que el 72% de estos puntos tienen potencias máximas de 22 kW, es decir, son de carga lenta, lo que supone “una barrera para el consumidor» a opinión de la asociación empresarial. Las baterías tienen cada vez más autonomía, pero el miedo a quedarse sin carga en recorridos largos o de tener que esperar horas para cargar aún ahonda entre los conductores.
“La recarga interurbana debe enfocarse a altas potencias, pues puntos de recarga por debajo de 22 kW son inasumibles en recorridos interurbanos, ya que el uso de estos puntos supone tiempos mínimos de recarga de 3 horas”, apuntan desde la patronal. En referencia al resto de tipologías, 418 puntos de la red requieren un tiempo de carga de entre 3 y 1:20 horas, unos 1.244 tienen potencias que permiten cargar el coche entre una y media hora y unos 500 puntos tiene potencias de entre media hora y 10 minutos. Si se tiene en cuenta las principales carreteras y corredores del país, según intensidad de tráfico, todavía hay hasta 40 zonas de más de 100 kilómetros sin ningún punto de recarga de acceso público de al menos 250 kW, los de carga más rápida, de 15 minutos.
La patronal elabora un índice sobre 100 para evaluar la implementación de la movilidad eléctrica en España. Según estos datos, el país no logró acelerar el ritmo de desarrollo de infraestructura de recarga en 2022, ocupando así las últimas posiciones en el ranking europeo. En 2022, se alcanzó una valoración de 7,3 puntos sobre 100, lo que representa un aumento de 3,3 puntos.
A pesar de este incremento, España se sitúa muy lejos del ritmo de desarrollo de la media europea, que logra crecer en 6,7 puntos, hasta alcanzar una valoración de 16,2 puntos, donde 100 es una infraestructura plenamente desarrollada. Con estas cifras,España se sitúa 9 puntos por debajo del promedio europeo.

